El vínculo madre/hijo es uno de los temas nucleares en mi estudio sobre la mente, me resulta de una riqueza infinita por todas las implicaciones que tiene en nuestro mundo afectivo y por ser un parteaguas en el camino que cada uno decide tomar en la vida.1Quiero aclarar desde el principio que la función del padre también tiene un peso muy importante en la vida de cada uno de nosotros (esté presente el padre o no) y en una futura publicación hablaré del vínculo padre/hijo; pero por ahora me centraré en hablar de la mujer confrontada con la maternidad.
En esta ocasión quiero hablar de la maternidad y sus fantasías como uno más de los temas que tienen lugar en un consultorio, porque no es una etapa que solo “pasa” sino un momento en la vida de una mujer en donde
se pone en juego su propia crianza, deseos, expectativas y confrontación con el nacimiento de una persona nueva en su estado más vulnerable y dependiente, su bebé.
La maternidad existe en la mente de la mujer desde pequeña por el simple hecho de saber que puede gestar, esa condición biológica desarrolla una serie muy diversa de fantasías a lo largo de su vida y es en el momento en el que se torna una decisión, que se materializa en un resultado que influye y forma parte de ella, ya sea que la conclusión resulte en ser madre o no.
La maternidad tiene muchas variantes en el mundo emocional de una mujer: si siempre ha querido ser madre y para qué quiere serlo, si lo quería pero no lo planeo, si no lo quería pero se embrazó, si lo quiere ser pero no sabe por qué, si lo quiere para obtener un beneficio relativo que nada tiene que ver con la crianza, si nunca se lo ha cuestionado, si tiene problemas de fertilidad, si
nunca lo ha deseado, si su decisión ha cambiado… la lista puede seguir y seguir y con cada uno de estos casos, la vivencia de la maternidad en una mujer será completamente diferente y con ello la forma de criar al bebé.
Estas variantes son justo los elementos que necesitan un espacio para ser hablados de forma que tomen un lugar en la mente y afecto de la mujer para que tomen un sentido y no interfieran de forma negativa en la nueva vida que se está criando. Es importante recalcar que lo que se busca es abrir los elementos que causan angustia y darles una dirección para no evadirlos ni desgastar las
herramientas psíquicas, porque ocultar la presión puede causar consecuencias lamentables como formar síntomas emocionales a futuro.
Siempre dará cierta ventaja poder hablar sobre lo que implica dicha decisión en un espacio personal como el que ofrece el psicoanálisis. Si, aquí si lo recomiendo directamente a diferencia de otro tipo de intervenciones, por la profundidad y amplitud que el proceso psicoanalítico ofrece en relación con los deseos más íntimos y personales.
He visto un boom en la exposición de temas de la maternidad y crianza que lejos de ayudar a las mujeres con esa faceta, las llena de prejuicios de “lo que está bien y mal”, causando en ellas muchas inseguridad, angustia y aún más confusión.
Definitivamente los bebés tienen necesidades básicas que deben ser cubiertas para su sobrevivencia en lo físico y también en lo emocional y es justo en donde la variedad de información del “cómo hacerlo” aclara y orienta a la mujer en relación con cada etapa del desarrollo del pequeño de acuerdo a un modo que va con lo que ella reconoce como aceptable para su tipo de maternidad,
personalidad y estilo de vida, mismos estilos que merecen respeto, sin embargo son todas las demás cosas que surgen a partir del deseo, expectativa y temores de la madre, que hacen que la fórmula de la crianza se complique.
El trabajo que requiere la atención de un infante es muy intenso y puede por momentos ser agotador, la adaptación a las rutinas y exigencias del pequeño ponen en juego la tolerancia y paciencia de los padres y es frecuente que en estos momentos la mujer se cuestione su capacidad o cómo afectan sus decisiones a su hijo. La exigencia emocional que carga la mujer durante estos momentos puede llegar a acumular pensamientos y dudas que la coloquen bajo cierta labilidad emocional por lo que acudir a un espacio terapéutico le da la oportunidad de explorar y encontrarse en su proceso de maternaje para llevarlo a cabo con mayor seguridad en si misma, promoviendo así un vínculo con su hijo desde una postura consciente y activa afectivamente.
Que una mujer admita la dificultad en todos los sentidos que conlleva la maternidad, la libera de cumplir con la idea rosa de la madre perfecta y la acerca a la parte humana del vínculo en donde se aprende a tolerar, medir y regular los aspectos positivos y negativos que se van presentando para buscar un equilibrio que sea favorecedor para ambas partes.
Pedir ayuda es mucho más valiente y beneficioso, que tratar de librar sola una batalla donde probablemente tu misma puedes llegar a ponerte como tu propio enemigo.





